La Sunarp y la ética en la función pública

En la actualidad, los desafíos a la ética son gigantescos en todo el mundo y nuestro país no está al margen. Basta citar el peso de la corrupción[1] que nos aqueja y que ha trastocado los valores éticos, hasta el punto de negar sentido y perspectiva al bien común, creando una cultura de valores que no son precisamente los más adecuados para lograr el desarrollo del país.

Leer el Artículo VI[2]de la Convención Interamericana contra la Corrupción, nos hace reflexionar sobre la magnitud del problema que afrontamos. En esta nor­ma se detallan, los actos contrarios a la ética que puede realizar quien ejerce una función pública y que aprovechándose de su posición privilegiada, obtiene ventajas, dádivas, favores u otros beneficios particulares. Por ello, la corrupción es la negación del servicio público, por el abuso del poder público en beneficio privado.

Cuando el ejercicio de la función pública, se desliga de las virtudes y principios éticos, se generan las condiciones para la corrupción, siendo la conducta corrupta una conducta inmoral que atenta contra los fines de la función pública[3], socavando la legitimidad de las instituciones públicas, pues deforma y destruye lo que la sana razón y el sano juicio consideran adecuado. El valor de la entrega y del servicio, constituyen el gran valor necesario en nuestra sociedad, para luchar contra la corrupción.

En ese sentido, la verdadera riqueza de la función pública, está en la conciencia de servir, debiendo recordar que “la verdadera evolución del hombre viene cuando desarrolla actividades por encima de sí mismo, cuando deja de pensar solo en sus beneficios y se preocupa por los demás”, conforme señala el escritor Gary Zukav [4]. Las normas mínimas de la ética en cualquier profesión o función pública, deben estar escritas fundamentalmente en la conciencia de cada persona que ha escogido libre y voluntariamente el servicio público.

Actualmente, vemos que la corrupción aniquila la confianza de los ciudadanos y lleva consigo la pérdida de la credibilidad en las instituciones públicas. Frente a ello, es importante destacar el inmenso logro de nuestra institución en éste aspecto, al haberse posicionado en la sociedad como una de las instituciones más honestas, reconociéndose públicamente a la Sunarp[5] como una institución confiable y respetada por su LIDERAZGO ÉTICO, sustentado en la calidad personal y moral de todos sus trabajadores, quienes han asumido un compromiso y un comportamiento que no espera otra recompensa que la de saber que se actúa conforme a los principios y valores institucionales, siendo la ética pública[6] un referente obligado para constituirse en una institución confiable.

El LIDERAZGO ÉTICO de la Sunarp, tiene como principal característica la Integridad de sus funcionarios y servidores públicos, que se manifiesta en su capacidad de tomar decisiones éticas, frente a hechos y actos de corrupción que pueda afrontar, lo cual depende de cada uno, pues como decía Aristóteles, “tanto la virtud como el vicio están en nuestro poder[7], y esa es la decisión consciente de los funcionarios honestos, especialmente de los Registradores Públicos y miembros del Tribunal Registral que constituyen la piedra angular de nuestro sistema registral.

En ese sentido, debemos recordar que “El éxito de nuestra institución, no está con las estrellas, está dentro de cada trabajador. La responsabilidad es algo que viene de adentro hacia afuera y lleva consigo la lucha de la autocorrección y la disciplina”[8]. En ese entendido, cada trabajador de la Sunarp, debe ejercer un LIDERAZGO ÉTICO que vaya de adentro hacia afuera, para contribuir a erradicar la corrupción en nuestro País.

 


[1] Corrupción.- “Es toda aquella acción u omisión del servidor público que lo lleva a desviarse de los deberes formales de su cargo con el objeto de obtener beneficios pecuniarios, políticos o de posición social, así como cualquier utilización en beneficio personal o político de información privilegiada, influencias u oportunidades”. Virtudes y Principios del Magistrado. Academia de la Magistratura. Primera Edición, Junio de 2003. Lima-Perú.
[2] Actos de corrupción: “El requeri­miento o la aceptación, directa o indirectamente, por un funcionario público o una persona que ciertas funciones pú­blicas, de cualquier objeto de valor pecuniario u otros beneficios como dádivas, favores, promesas o ventajas para sí mismo o para otra persona o entidad a cambio dc la realización u omisión de cualquier acto en el ejercicio de sus funciones públicas. El ofrecimiento o el otorgamiento, directa o indirectamente, a un funcionario público o a una per­sona que ejerza funciones públicas, de cualquier objeto de valor pecuniario u otros beneficios como dádivas, favo­res, promesas o ventajas para ese funcionario público o para otra persona o entidad a cambio de la realización u omisión de cualquier acto en el ejercicio de sus funciones públicas; La realización por parte de un funcionario público o una persona que ejerza funciones públicas de cualquier acto u omisión en el ejercicio de sus funciones, con el fin de obtener ilícitamente beneficios para sí mismo o para un tercero; El aprovechamiento doloso u ocultación dc bienes provenientes de cualesquiera de los actos a los que se refiere  el presente artículo; y la participación como autor. co­autor, instigador. cómplice, encubridor o en cualquier otra forma en la comisión, tentativa de comisión, asociación o confabulación para la comisión de cualquiera de los actos a los que se refiere el presente artículo”. Artículo VI de la CONVENCION INTERAMERICANA CONTRA LA CORRUPCION. Suscrito el 15 de Setiembre del año 2000, en la Ciudad de Washington.
[3] Fines de la Función Pública. “Los fines de la función pública son el Servicio a la Nación, de conformidad con lo dispuesto en la Constitución Política, y la obtención de mayores niveles de eficiencia del aparato estatal, de manera que se logre una mejor atención a la ciudadanía, priorizando y optimizando el uso de los recursos públicos, conforme a lo dispuesto por la Ley Marco de Modernización de la Gestión del Estado.” Artículo 3 de la Ley del Código de Ética de la Función Pública, LEY Nº 27815.
4 ZUKAV, Gary.  The Seat of the Soul (El fundamento del alma) Editorial Simón & Schuster Paperbaks, Edición en español. New York, 1989.
 [5] SUNARP es la institución pública rectora de los Registros Públicos en nuestro país. Artículo 10 de la Ley N° 26366.
[6] Ética Pública.  Artículo 3 Reglamento de la Ley del Código de Ética de la Función Pública. D.S Nº 033-2005-PCM
[7] ARISTÓTELES. Etica a Nicómaco. Centro de Estudios Constitucionales. Madrid, 1994
[8] TAFUR VILLANUEVA, Nancy. El Valor de la Responsabilidad. Primer Puesto 6ta Convocatoria. Premio a los Valores SUNARP. Primera edición, Octubre de 2004, Lima-Perú.

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